sábado, 12 de julio de 2014

Goreme en la noche

Goreme en la noche

No es la primera vez que se toca el dichoso tema en el blog: aunque haya quien no cree en ella, sabes que la magia existe. Su nosequé es independiente de las épocas, los lugares o las personas poseídas por ella. Siempre llega como una visita inesperada, pero la reconoces en cuanto aparece y ves al instante que está ahí, envolviendo el momento que has tenido la suerte de vivir. Todo es intenso, diferente y queda para siempre en tus recuerdos. Además, la noche impone a todo ello misterio y descubrimiento (añádase semi delante si la oscuridad es demasiado intensa). El pueblo de Goreme no es una excepción a la regla, como pronto verás.

¿Y si abrieran la puerta ahora?

Si James Barrie hubiera visitado Goreme, es seguro que su inmortal Peter Pan y el país de Nunca Jamás habrían tenido otro aspecto, porque al contemplar el lugar donde habitan las hadas su mundo habría cambiado al instante. Sus valles diríanse bendecidos por la erosión de sus rocas,  que están moldeadas por la acción de los elementos y vaciadas por la mano del hombre. La villa es un reflejo de toda la región, que posee una fascinante (y a veces claustrofóbica) red de asentamientos humanos cuyos pobladores en tiempos del Imperio Bizantino aprovecharon el medio para protegerse de incursiones árabes, desapareciendo por miles de la faz de la tierra. Viviendas, iglesias y antiguas ciudades subterráneas, perfectamente organizadas son testigos de la vida en aquel entonces en la que sus habitantes dejaban de ver la luz del sol durante semanas.


Enclavado en el valle del mismo nombre es uno de las bases naturales para explorar la Capadocia. Alberga el Museo al aire libre de Goreme. Todo el conjunto, construcciones y elementos naturales, son Patrimonio de la Humanidad y en cuyas increíbles iglesias (que suponen pagar su precio para admirarlas, además de recargo en alguna en concreto) corres el riesgo de salir de allí con alguna postura en el cuello, por no poder apartar la mirada de sus hipnóticos frescos. Es también centro de múltiples actividades al aire libre y de excursiones a lugares de interés cercanos.


Si el calor del día te golpea inmisericorde aplícate al descanso. A riesgo de ser acusado de acomodado, elige un hotel que tenga piscina con vistas a las Chimeneas de las Hadas y disfrútalas hasta que se ponga el sol. No te vayas a dormir sin recorrer las calles de piedra, donde el alumbrado proyecta sombras ambiguas que atraviesas sin dudar. No encontrarás compañía, todos se retiran pronto, así que todas las sensaciones de la noche te pertenecerán. Los claroscuros mudan por completo el aspecto que muestran el lugar durante el día.



Sin embargo, llegado al final, recordarás que la escena inicial del Golem de Wegener parece sacada de las formas caprichosas de sus casas. Realidad y ficción se vuelven a encontrar mientras regresas escuchando tus pasos en las desiertas calles. La noche es cálida y tranquila, tal vez desde algún ventanuco excavado en la roca Nunca Jamás se haya fijado en ti...

martes, 10 de junio de 2014

El fin del mundo

Mirando la puesta de sol en Finisterre

Cuando llegas a Finisterre (o Fisterra, en gallego), cierras los ojos y escuchas como el viento y el mar llenan tu cabeza mientras el sol se va escapando por el oeste. Si negras nubes dominan el horizonte, entonces es una música wagneriana la que llega hacia ti para envolverte en un torbellino de fuerza, como si el compositor alemán hubiera viajado hasta allí para inspirarse, desatando así la furia de sus walkirias atormentadas.

Nubes atacan el atardecer de Finisterre
 
Paganismo y fe se unen sin ataduras en esta esquina del mundo. No son pocos los que guiados por una épica semejante culminan aquí su viaje iniciático a Santiago de Compostela. Te pasas de frenada en el Camino, después de haber tocado Muxía en su variante, para detener tus pasos en los acantilados del Cabo Finisterre, donde el reclamo de la nueva tradición va añadiendo visitantes cada año, en una ruta que no es secundaria y que te llevará descubrir rincones insólitos de la geografía gallega. Abundan en Finisterre pueblo los albergues, mochilas y sus portadores moviéndose en transporte público. Nacionalidades mayormente europeas se encuentran en un espacio común que activa toda su magia para que haya entendimiento entre ellas. Mención aparte merece la playa de los hippies, oficialmente "Praia do Mar de Fora" (cuidadín con el oleaje, muy traidor) donde, no dejando en casa tus conocimientos de lenguas extranjeras, podrás compartir comida, bebida y compañía al calor del fuego, o tumbarte en la arena para descubrir las estrellas.

Faro de Finisterre escorado

Los pocos kilómetros en subida que separan el faro de Fisterra del pueblo añaden plomo a las botas que cubren tus pies cansados. Los vientos atlánticos van despejando la mente que quiere llegar y la débil luz del sol moribundo no llega a calentar tu cuerpo aterido, que ya puede por fin descansar después de cumplir con los mandamientos del peregrinaje y que regresará feliz por la sinuosa carretera que te llevó hasta allí. El rito dice que debes quemar tus ropajes para purificarte; aunque si te atienes a la letra de esa melodía el peregrino debería quedarse desnudo, muchos deciden hacerlo por parroquias y únicamente deshacerse de sus calcetines o de alguna que otra prenda gastada. Lo de quemar es un decir, ya que el fuego en algunos casos no alcanza a devorar la ropa, quedando sus restos como dudosas ofrendas, que los dioses que vigilan el lugar no alcanzan a comprender y que rechazan sin dudarlo, a la espera de que un voluntariado o las tempestades del invierno limpien los recovecos entre las rocas.
 
Sí, ya sabemos que ese viejo cabo no es el fin del mundo, que más allá de horizonte existen nuevas tierras abiertas al conocimiento de la vieja Europa desde hace siglos, pero si tratas de emular a Phileas Fogg, llegarás a ellas, las cruzarás y volverás al mismo punto, sólo para descubrir que aquí termina tu viaje. Verdaderamente, en ese momento habrás llegado a tu destino...

Finisterre y Fin

domingo, 18 de mayo de 2014

Enséñame tu Berlín

Iglesia con cafe en kreuzberg
Las amistades en los destinos que visitas son un afortunado puntal cuyo valor es incalculable. Alojamientos, lugares que visitar y los mil y un trucos del destino elegido son transmitidos por ellas. Te hacen ganar tiempo, centran el tiro en la indecisión y te guían por lugares que no serías capaz de encontrar si no fueras local. Si ya pertenecen al club de lo alternativo, puedes cantar bingo. 

Kreuzberg fue la zona elegida para conocer su Berlín. Alternativo, mestizo, contestatario, con su propia historia de protestas y resistencia en los sesenta y setenta, no busques muchos elementos reconocibles en el antiguo Bronx berlinés (El Checkpoint Charlie es hoy un elemento demasiado pequeño para contener la fama que lo envuelve, que se desparrama en complementos que lo explican) y prepárate para verla con una cara cambiada la próxima vez que la encuentres. Siente la vida y asómate a otra realidad, que es posible no encuentres fácilmente cuando regreses a casa.

Entrada de un patio en kreuzberg

Nada es convencional allí. Si buscas una base de operaciones para explorar la zona puedes localizarla en el Regenbogenfabrik, un centro sociocultural en el legendario SO 36, con un albergue para cuarenta afortunados (por localización y precio). El medio de trasporte, una bicicleta, como no podía ser de otra manera en la octava ciudad más ciclable del mundo, alquilado en el mismo albergue y que te demostrará ser el óptimo`para recorrer la zona. Allí faltan los ya comentados patios berlineses y es seguro que algo de tu interés te llamará la atención cuando explores sus entradas.

Un nieto de John Lennon en kreuzberg

Lo alternativo no transmite necesariamente inseguridad ni agresividad en Berlín. Las diferencias se tornan naturales en Kreuzberg y la vida pasa plácidamente mientras desayunas por la zona, en locales como los que ahora se estilan por Malasaña y otros rincones de la geografía patria, sólo que Berlín ya contaba con ellos hace años. Todavía te faltará ver por tierras hispánicas el cartel que anuncie un café a la entrada de una iglesia. Bicicletas, Camper, pelos de todos los colores, antimoda chic y mucha educación, te rodean mientras te sumerjes en su realidad. Un chico pelirrojo con sospechoso parecido a John Lennon se deja acunar por su novia, que cuida de su pierna lesionada mientras disfrutan del sol de primavera.

Kreuzberg Mickey Mouse Skull

Kreuzberg es también zona turca por excelencia, dicen que el kebab lo inventaron aquí mismito. Aún cuando en algunos casos hablamos de la tercera generación, todavía hoy se sigue trabajando para integrarlos en la sociedad alemana. Muchos jóvenes turcos abandonan las escuela y se lanzan a un futuro incierto en las calles. Como reacción ante esa realidad surgen asociaciones que intentan reorientarles a través de ocupaciones alternativas. La imagen superior muestra una prueba del "Skulls", de Stefan Schuster, realizada por alumnos de uno de esos centros.

Kreuzberg Nationaldenkmal en Viktoria Park

En Viktoria Park, entenderás el sentido de Kreuzberg: es el "Monte de la Cruz" y en lo más alto podrás tus manos en el Nationaldenkmal, el monumento de Schinkel a las guerras de liberación napoleónicas narradas por Conan Doyle, donde en los tiempos del Gran Corso convivieron trincheras con viñedos, que aún hoy guardan una presencia testimonial. Aunque el día sea gris, cuando subas allí tendrás la sensación de haber coronado uno de los lugares donde tienes que estar, ya que Berlín, esta vez sí, quedará mágicamente a tus pies...

martes, 6 de mayo de 2014

Güigüí desvelado

Presunto nudista en Guigui

Visto el misterio que existe sobre la playa de Güiguy o Güigüí, considerada una de las mejores de la zona, se imponía una comprobación y dado que dicho arenal se encuentra en Gran Canaria, casual y circunstancial base de operaciones de este blog, hasta allí se trasladó su mirada  a principios del mes de abril, cuando el sol ya proporcionaba una temperatura estival. Este detalle es importante ya que aunque es visitable en casi cualquier mes, como veremos se recomienda ir en determinadas fechas, por varios motivos.

Aquellos entusiastas que se apresten con ansia viajera a llegar a su orilla deberán saber que el lugar requiere de algunas dosis de planificación logística y también aventurera: aislada de las carreras convencionales por la orografía típica de la isla, la forma de alcanzarla por la  vía terrestre consiste en seguir el sendero desde Tasartico, que antiguamente se usaba para comunicar con un pequeño embarcadero situado en la playa; en la zona se situan explotaciones agrícolas desde siempre y sirvió para dar salida a sus frutos utilizando medios de transporte equinos. La otra forma de llegar es la marítima, por lanchas que salen desde pueblos cercanos, cuando en verano se llena el lugar del típico ambiente familiar, o y algunos barcos repletos de fiesteros que llegan a montarla. Algunos valientes se atreven con kayak de mar y posiblemente no sea el mejor lugar del mundo para intentarlo en parapente.

El sendero en sí tiene su miga, o no, según se mire y no es el primero que se queda en el camino confiado en la aparente corta distancia, sin considerar el mortal binomio desnivel + sol abrasador. Debe ser esa la explicación de que en el cartel indicador de la ruta a los nacionales les indican que es de dificultad alta y la versión foránea dice que es muy alta. Como alternativa una marcha a la luz de las estrellas sin utilizar iluminación artificial, para hacerla más nocturna si cabe. El otro aspecto logístico a resolver es el hostelero: que salga en Internet no significa que está  preparada para un turismo de masas, ya que deberás llevar contigo los medios necesarios para subsistir: agua, comida y sombra, porque allí no esperes encontrar chiringuito ni pensión playera de turno.

Guigui Chico

Cuando ya hayas resuelto todas las variables y alcanzado tu destino, primero pisarás el irregular firme de Güigüí Grande, que se compone de cantos rodados. Aunque es la más pequeña de las dos, su nombre hace referencia al  tamaño del barranco. Será más atrayente el arenal de Güigüí Chico, aunque los diosecillos del lugar posiblemente no te consideren merecedor de pisarla y alcen las mareas contra tus deseos viajeros. Hay que esperar a que baje el nivel del mar, ya que la combinación del oleaje, fondo irregular lleno de peñas invisibles y rocas pinchonas de bordes afilados pueden comprometer tu integridad física y la de tu móvil de última generación. La vía para evitar esa parte es el camino de la montaña, pero las lluvias del invierno pueden haberlo dejarlo impracticable. Susto o muerte, tu elijes.

Debes estar preparado para compartirla, fuera de la época estival te encontrarás con asiduos anacoretas del lugar y con pardelas cuyos graznidos utilizaron en alguna película de exorcistas. No temáis por la masificación, queda sitio para todos. Otra cosa es el verano, cuando las hordas toman al asalto las playa como si fuera el desembarco de Normandía. Eso en si no es malo, si no fuera por la basura que decora algunas esquinas y ante la que no podrás cerrar los ojos. La ausencia de roedores hace sospechar de alguna campaña privada de erradicación de los mismos con utilización de cebo de supermercado que no ha dejado títere con cabeza. Otro asunto es la cueva almacén la final de la playa arenosa: una tienda sin tendero donde rige el autoservicio y donde algunos toman lo que necesitan y aporta algo si pueden. Ir a Güigüí también requiere mente abierta. Es posible que los viajeros encuentren alguna procesión nudista a la que admirar, ya que los partidarios de los dos bandos coexisten sin mayor roce, tolerado por unos y propiciado por los otros.

Por el sendero a Guigui

La Naturaleza premia a los valientes: al espectáculo de la puesta de sol tras la vecina isla de Tenerife, coronada por el imponente pico del Teide se une la puesta de luna y la compañía de todas las estrellas,  podeis observar como la Vía Lactea os contempla desde lo alto. A la vuelta (o casi al final de la ida) una concesión: puedes conseguir agua dulce de manantial en la antigua Casa Sánchez Díaz, una pequeña tienda que no sigue funcionando cómo tal. Salúdalos, que te lo agradecerán contándote historias del lugar y facilitando información útil de primera mano.

Después de esta idílica mirada un jarro de agua fría: No se permite la acampada en la Reserva Especial Proteguida, a la que la playa pertenece por lo que los tiempos y mareas tiene que estar medidos. Los beneméritos patrullan la zona desde el mar atentos a los que osen desafiar la norma. Una última cuestión: llévate tu basura y alguna pieza más, tal vez algún día podáis volver a pernoctar en la playa, si la normativa antitodo no lo impide...

Atardecer en Guigui

domingo, 3 de noviembre de 2013

Almas en Descanso Eterno


En un día otoñal Père Lachaise no es el lugar adonde uno iría a pasear el perro buscando, digamos, setas. Es uno de los parques, puede considerarse así, más bellos de la ciudad y cuando caen las hojas de sus numerosos árboles, el lugar toma conciencia de lo que realmente es, un cementerio. El ambiente allí se tiñe de inevitable melancolía, que va creciendo cuanto más permaneces por sus avenidas ojeando la tumba que has venido a visitar.

A los parisinos les llevó un tiempo aceptar esta residencia eterna como su preferida, ya que en los días que Napoleón la promovió no se consideraba adecuada, debido a la distancia que se encontraba del centro de la ciudad. Fue necesario un traslado de inquilinos ilustres de otros repositorios para que la burguesía de la época moviera afirmativamente la cabeza, porque ¿quién no se mudaría a un barrio donde tendría como vecino los huesos de Molière, por ejemplo? Los siguientes casos, entre muchos otros ya que la nómina de ilustres moradores es amplia, tienen acomodo en esta necrópolis.

Tumba de Jim Morrison en Pere Lachaise

Cuando James Douglas Morrison ingresó en la nómina de los cadáveres bien parecidos (y en el club de las muertes poco claras) vivía en París, adonde se había trasladado buscando la paz interior necesaria para componer poesía (exteriormente seguía en sus broncos trece). Se cuenta que paseando por sus avenidas comentó su deseo de ser enterrado allí. Dicho y hecho, el chamán indio que decía poseerlo se lo concedió y allí lo envió poco después. El reconocimiento intelectual que ansiosamente buscó y que se le negó en vida, de alguna manera lo logró y, aunque su sencilla tumba no es muy fácil de ver, es el cuarto lugar más visitado de París; puedes decir que es el lugar el que prestigia al Rey Lagarto y no al revés.

Hace años que el busto que lo decoraba desapareció como por encanto, demediando el bloque que sustenta la lápida, de libre significado si creemos las traducciones que circulan por Internet, (espíritu y demonio no pueden decirse igual por muy antiguo que sea el griego en que escribieron el epitafio). Los responsables del camposanto, hartos de todo tipo de excesos, decidieron poner guardia a su lado (Jim, hasta después de muerto sigues dando trabajo a las autoridades) y unas antiestéticas vallas de obra para que sus admiradores no se desmadraran. Si vas temprano por allí recojerás la cosecha de silencio del lugar y el aburrimiento de los guardias, antes de que empiece el carnaval diario de peregrinaciones.

Mausoleo

La parte española tiene en el mausoleo del marqués de Las Marismas del Guadalquivir un más que digno representante. La vida de Alejandro Aguado, conveniente apellido el del noble sevillano, no está exenta de avatares aunque también de sonados éxitos: soldado napoleónico, fue exiliado a París por afrancesado, pero lejos de lamentarse de su suerte perseveró en el comercio con las colonias españolas, llegando a convertirse por ironías del destino en banquero de Fernando VII (y ganarse la ojeriza de los Rothschild, de paso). Éste con el tiempo se olvidó de sus antiguos pecadillos otorgándole el título nobiliario, permitiéndole volver a España, donde murió de vuelta a París. Leal a si mismo, ejerció de mecenas en numerosas ocasiones y fue amigo íntimo de José de San Martín.

Tumba de Oscar Wilde en Pere Lachaise

Esta imagen ya no es, es decir, la tumba de Oscar Wilde sigue indudablemente allí pero limpia como una patena de marcas de labios pintados, gracias al cristal de dos metros que ha instalado el gobierno irlandés, rascándose el bolsillo a instancias de los herederos del escritor. La medida tiene sus partidarios (nuevamente las autoridades, herederos y demás amantes del orden y la limpieza) y detractores (legión de admiradores que sienten hurtado su homenaje al escritor). Si quieres seguir con la tradición y que tu recuerdo perdure puedes besar el árbol de la izquierda, que, de momento, no se ha quejado. El monumento modernista (castrado hace ya bastante tiempo por algún tiñoso) de Jacob Epstein tiene ya más de cien años, pero su encaje resulta extraño entre los sepulcros del siglo XIX, a la manera del señor Wilde entre la sociedad de su época, lo que le valió la cárcel y que hizo que se autoexiliase en la ciudad del Sena, donde falleció.


Cuando lleves un rato paseando y el espíritu del lugar se apodere de ti (que lo hará, no dudes de ello) y decidas huir de allí, no pierdas ocasión de rendir tu homenaje a los mártires de la Comuna de 1871, fusilados contra uno de los muros del cementerio. Su matiz revolucionario hizo que no fueran aceptados allí, quedando acogidos sus cuerpos en fosas comunes, desterrados del lugar. Es seguro que con cánticos libertarios sus almas perturben a las de los burgueses desde el muro.

Ya buscando el próximo monumento no dejes de pensar en las estatuas femeninas que forman los conjuntos escultóricos. Ya sabes que son representaciones simbólicas de las virtudes de los enterrados, aunque seguro que más de uno se conocía al dedillo la historia de los faraones y emperadores chinos, empeñados en pasar a la otra vida con todo lo necesario para llevar una existencia acomodada, además de acompañada. Los días en la eternidad deben hacerse muy largos...

viernes, 25 de octubre de 2013

Ganando altura

Subiendo a Collado Jermoso

Se acercan tiempos de tormentas, nieve y tinieblas. No se trata del comienzo de una novela épica (si así lo crees, recuerda al Olvidado Rey Gudú, en vez de las anglosajonas de siempre). Se acerca porque estamos en otoño, con la caída de la hoja y sus primeras nieves, que dará paso a la meteorología arriba descrita, antes o después. El bosque y la montaña es el lugar para celebrar el cambio de estación y detenerte a mirar atrás mientras vas ganado altura, aunque no retrocedas ni para tomar impulso, contemplando la gama de tonos ocre que cubren el paisaje, poniendo con ello en peligro tu equilibrio y seguridad.

En estos días no es una mala manera de fortalecer el cuerpo y la mente adentrándose en el Macizo Central de los Picos de Europa. De las innumerables rutas que te esperan, la que sube a Collado Jermoso desde Posada de Valdeón tiene su punto de exigencia. Sus estrechos pasos con interminables caídas harán que mires más de una vez hacia el otro lado, obligando a tu mente a mantenerse firme y a rechazar los miedos una y otra vez. Nada malo sucederá si tus pasos son firmes y el ánimo templado, pero tienen que serlo.

Picos de Europa Macizo Central

Si decides ir las montañas, esos jueces implacables de la debilidad humana, te esperarán   para desafiarte y cuando llegues a tu destino, estarás contento de recibir una comida caliente, sencilla y restauradora, un espacio para dormir y de divertirte con las historias de extraños que comparten el refugio contigo. Recuerda que lo importante es regresar y aunque sepas que tu meta se encuentra a poca distancia, un paso en falso en terrero inseguro hará que tus días viajeros terminen prematuramente. La comida y el descanso forma parte de las satisfacciones de la ascensión, pero no es la verdadera recompensa: el atardecer colgado casi en el vacío, la victoria sobre tus miedos y paradas intermedias como la Vega de Liordes son motivos suficientes para intentarlo y regresar allí.

Sí, que también está la ruta desde Cordiñanes, dura de verdad. Recuerda que a la montaña se va y se vuelve, pequeño saltamontes, y que el viaje de ida no tiene que ser necesariamente el de vuelta y que las mayores dificultades a veces no están cuando subes, sino cuando desciendes. Tus demonios pueden aparecer y llevarte con ellos. Aunque mejor no anticipemos acontecimientos y, como en los antiguos seriales radiofónicos, colguemos el cartel de "continuará"...

Refugio Diego Mella en Collado Jermoso

martes, 15 de octubre de 2013

Piedra y agua

Fontana di Trevi de noche

Lo primero que te asombra cuando llegas por primera vez a la Piazza di Trevi es su reducido tamaño comparado con el magnífico conjunto que la decora. En tu imaginación has creado la idea de que su Fontana, magna obra en la que intervinieron muchas manos, debería estar por fuerza emplazada en un lugar espacioso que permita apreciarla en lo que crees su justa medida. Tiene su sentido, porque antes de ella existía en el lugar una más modesta pero acorde a las dimensiones del recinto. La impresión que queda después del primer impacto, es, por utilizar un símil italiano, la de una ópera al aire libre. Cuando te la encuentras de frente no busques la fila siete y si se te ocurre ir a la happy hour ni te molestes en encontrar acomodo en las escaleras que a modo de patio de butacas utilizan los turistas para contemplarla, eso sin contar con el tráfico que por allí circula, que dota al lugar de un plus de caos romano que viene con los tiempos.
 
La expectación del lugar y el momento se corta con un cuchillo y sientes estar en una especie de olla a presión que de un momento a otro comenzará a bullir sin control. Antes de ser autoexpulsado por el overbooking te llama la atención la actitud contemplativa de los espectadores, similar a la de las masas que salen por la noche y copa en mano esperan a que ocurra algo, mientras los personajes del escenario principal, acostumbrados al trasiego de siglos, permanecen inamovibles.
 
 
Fontana di Trevi detalle
 
Los intérpretes principales, mudos para aquéllos que incansablemente van a admirarlos, no suelan prenda. Indiferentes a la admiración que provocan, su reino no es de este mundo y no esperes escuchar de sus labios sellados baratos cotilleos sobre lo que Marcelo le dijo a Anita mientras Fellini les obligaba a mojarse sensualmente las piernas en aquel verano de dolce vita. Cumplen con la tripleta del monosabio, administrando con romano esplendor los líquidos recursos que fluyen sin cesar del mármol de la fuente, desde hace más de doscientos cincuenta años.
 
 Después de la fugaz visión diurna decides jugártela a la carta nocturna, contando que a esa hora todo quede aligerado. A la medianoche aciertas con la previsión porque sólo unos pocos han pensado como tú. La penumbra y la dramática iluminación que adorna la escena le aporta un plus de misterio que puede engañar a tus sentidos, haciéndote creer que el movimiento que le fue negado a la sesión diurna lo vieses en la noche, creyéndote entrever pequeños gestos de las figuras. Pellízcate o abandónate a tu extravío, lo que prefieras.

Fontana di Trevi detalle
 
Mención aparte para los esforzados figurantes, carabinieri que a esas horas ya están, nunca mejor dicho, hasta la gorra. Sus caras cansadas son un poema y si los rigores climáticos aprietan, es un milagro que no acorten su turno llevándose detenidos a los que por allí aparecen, por abuso a la autoridad. Saben que no es un pico de asistentes o un movimiento estacional: seguirá siendo así día tras día, porque no olvides que Roma, la inmortal Roma, es eterna; los antiguos así lo vieron y lanzaron a los cuatro vientos. Siempre fueron inteligentes y más por estos lares ...

 

jueves, 10 de octubre de 2013

Un poco de Cádiz

Atardecer desde el Parador de Cadiz

Por complacerla, terminasteis los dos aquella tarde no exactamente frente al mar. Podría decirse que en el lugar equivocado, ya que cerca os esperaba la preciosa playa de La Caleta con uno de sus atardeceres mágicos. Es cierto que con el silbato del salvavidas todos se habían retirado a la hora del teórico cierre y no había manera de conseguir que abandonara la piscina, por lo que decidiste acompañarla, quedándote mientras el bañador se secaba.
 
La brisa marina no impedía permanecer allí, mirando como el sol iba cayendo al mar, que estaba quieto como un plato, esperando al círculo de fuego. Sólo las gaviotas buscando el agua dulce os seguían con la mirada mientras nadabais alrededor, al diablo el bañador, o jugabais con las tumbonas, que os aguantaban con pereza, esperando pacientemente a que volvierais a flotar ingrávidos en el mismo líquido que las sostenía.
 
Atardecer desde el Parador de Cadiz

Esa tarde parecía que todo os cedía más tiempo para estar juntos, con pocas palabras, pues no hacían falta para disfrutar el momento. Los rayos del sol iban apuntándoos cada vez más oblicuos mientras el naranja y el azul se acercaban  el uno del otro cada vez más y el resto de los objetos que llenaban el escenario, animados o inanimados, de reojo les imitaban.
 
Cuando los dos colores se fundieron anulándose mutuamente y todo aquello llegó a su final, dejasteis el lugar en silencio, sabiendo que Cádiz os despedía al anochecer sin preguntas. Ibais pensando donde iríais a continuación, caminando casi de espaldas, fijando para siempre con la mirada ese instante, que os guiaría hasta allí la próxima vez, sin importarle como ni cuando fuera vuestra vuelta, ni tan siquiera que os viera otra vez. Rogad a los dioses que la Vida no tuerza vuestros planes, al menos no demasiado...
 

Postamigo

Atardeceres del Mundo Viajes y Vivencias

martes, 1 de octubre de 2013

Praga a tus pies


¿Qué hacer cuando las palabras apropiadas para describir ese lugar maravilloso no terminan de llegar? ¿Cuándo el tiempo pasa sin que llegue la mágica combinación que llene de ideas tu embotada cabeza y haga que fluyan como un torrente desbordado? ¿Si las emociones del donde y el cuando se refugian temerosas en los más profundo de tu ser y no quieres proseguir sin su compañía? No preguntes más, simplemente escribe y de ahí saldrán las respuestas. Puedes poner como disculpa que el Síndrome de Stendhal aleteaba cercano mientras te encontrabas en la Staromestske námestí (Plaza de la Ciudad Vieja) de Praga, porque más de uno se habrá sentido igual. O que su recuerdo permanece tan potente en tu memoria que no eres capaz de articular un desarrollo  que lo explique, porque sientes que las palabras no son suficientes para transmitirlo.

 
¿Quién no ha soñado alguna vez con tener una beldad a sus pies? Este día, que quizás no tenías previsto, puede ser tu oportunidad, aunque sabes que no va a ser ella la que se mueva; tendrás que subir los doscientos noventa y nueve escalones de la torre del antiguo ayuntamiento, sorteando las tentaciones que te irás encontrando en cada piso. Valdrá la pena el esfuerzo, pues la belleza de la ciudad te estará deslumbrando desde las alturas en que la admires. Cuando llegas al mirador, si todavía te quedaba aliento lo perderás al contemplar la visión con que los ángeles se recrean cuando sobrevuelan la ciudad.

 
Lo primero que llama la  atención es la cantidad de estilos arquitectónicos que conviven en armonía, ya que el abanico de construcciones comprende desde el gótico de la iglesia de Tyn, donde reposan los restos del astrónomo Tycho Brahe, hasta el barroco de la espléndida iglesia de San Nicolás o  las viviendas decimonónicas que hacen esquina con la reluciente calle Pařížská, alternándose estilos y alturas sin pedirse permiso (ni meterse el dedo en el ojo). Si todavía tienes fuerzas para seguir drogándote por los ojos. Estos te mostrarán la Torre de la Pólvora, adivinarás las calles donde antes estuvo el antiguo Barrio Judío y la Catedral de San Vito te retará en la distancia. pero no serán los únicos, podrás pasar el día entero adivinado y aprendiendo sobre la ciudad entera que se muestra ante ti.
 
La plaza es un punto de encuentro natural y, aunque llegaras sin mapa a Praga, el instinto te llevaría hasta allí. Desde las alturas, está llena de muñecos que se mueven en un aparente caos, ora yendo de puesto en puesto del improvisado mercado instalado, ora concentrándose en una esquina de la torre a la que te hayas subido (figuritas grotescas que aparecen cada hora  del interior de sus muros convocan a esos liliputienses en la distancia que embelesados observan el reloj astronómico).

 
La belleza que te acosa no debe hacerte olvidar que este es uno de los puntos históricos, léase conflictivos, de la ciudad. Lugar de ejecuciones, protestas y revueltas que van alejándose en el tiempo, no deben ser olvidarlos, porque nunca sabes si tu viaje puede acercarte involuntariamente al siguiente. Si no tienes la suerte de encontrarte sólo allí en un amanecer de primavera (o con la inferior fortuna de estar tiritando en una fría noche de invierno), deberás cerrar los ojos y abstraerte del ruido que todo lo invade. Tal vez en ese momento cedas al encantamiento que te perseguía sin que fueras consciente y te conviertas en un habitante de épocas mágicas. Nunca dieron por muerto al Golem, puede que sólo estuviera ausente...
 

Postamigo

Día 2: Un largo día en Praga Callejeando por el Mundo

domingo, 15 de septiembre de 2013

Segunda oportunidad

Rincon toledano con pozo

Todo en la vida, no sólo las personas, merece una segunda oportunidad. La condición para quien la otorga es perdonar y olvidar; para quien la recibe, no repetir el error y enmendar el daño causado. Los destinos viajeros entran en esas categorías, aunque exigen un sobresfuerzo al doliente, que tendrá que mirar la realidad con otros ojos y esperar un resultado positivo de la nueva visita.
 
Tendrás que borrar de la mente cualquier recuerdo que te lleve a lejanos veranos de secano, con temperaturas de estío castellano resecándote por dentro y por fuera, impidiéndote hacer lo que de verdad te gustaría, mientras muchos a tu alrededor no lo soportan y se van; tienes que subir corriendo un día más, cargado como  una mula, esa cuesta de la peseta que te espera al final  con el puñal preparado. Sólo olvídalo; como dijo Nietzsche, lo que no te mata te hace más fuerte.

Plaza de Zocodover Toledo

Purificado de todo rencor y eliminados pensamientos negativos llegas de nuevo a Toledo. Es una pequeña ciudad de grandezas pasadas: fue capital de reinos e imperios y ejemplo de convivencia entre religiones, aunque también fuera tratada sin misericordia en tiempos de guerra; todo ello sin olvidar el Toletum de los eternos romanos. En nuestros días resurgió como una alternativa residencial y empresarial por cercanía a Madrid, pero que eso no te lleve a engaño: su densidad monumental e histórica es tal que no llegará el día para visitarla. Documéntate antes de ir, pues es seguro que ese rincón que tanto te ha gustado guarde una historia increíble que te dejará boquiabierto y que te poseerá cuando allí te encuentres.

Rincon toledano

Sensible al calor, buscas una hora temprana para callejear, cuando todavía no te cruzas con muchos viandantes y los bares no han puesto las terrazas. Una sensación de frescor te envuelve y ya miras la urbe de otra manera. Su orografía da juego para vistas muy diferentes y te vas animando a contrastarlas todas, sin temor a sufrir los rigores de temperaturas extremas porque te has preparado para ello. Toledo se aprecia desde su interior, pero también desde el otro lado del Tajo. Sus cumbres, es también una ciudad con siete colinas, se vislumbran sin dificultad, coronadas por construcciones representativas.

Toledo y el Tajo

Reserva tiempo suficiente para tu visita, para que cuando llegue el momento de marchar no te arrepientas de no haber visto todo lo que esperabas (y lo que sin duda descubrirás), pues la ciudad tiene una extraordinaria capacidad de desdoblarse en múltiples capas. Esto es lo que hace que tengas alternativas si el calor aprieta, porque a la refrescante orilla del río podrás sumarle el húmedo frescor de subterráneos, más o menos misteriosos, donde resguardarte.

Cuando regresas a casa vas asintiendo sin darte cuenta, saboreando el día, porque otro destino te ha conquistado al cambiar tu manera de ver las cosas. Piensas en la mirada extraña que aquel griego genial vertía sobre el mundo que le rodeaba y te das cuenta de que todo este tiempo andabas extraviado, pero Toledo, la intemporal Toledo, te hizo regresar a su vera...

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